Le ordeno que se ponga en posición, y obedece sin mirar atrás. Me acerco lentamente, rozando su piel, hasta que mis manos la inmovilizan. Su respiración se acelera, sus gemidos son cortos y tensos, una mezcla de miedo y deseo. Le digo al oído que, si no se deja por las buenas, se lo haré por las malas… y eso la hace estremecerse. No se mueve, sabe que ya es tarde, que yo decido cómo y cuándo termina esta sesión
Comments